JOSEFINA ALBISUA

COLECCIÓN MUSEO UPAEP

 

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Nuestros ancestros indígenas decían que: "el buen artista pone en sus obras su rostro y su corazón".

 

Así Josefina Albisua Fernández, sensible y plena artista poblana, imprimió en cada uno de sus trabajos un rostro resplandeciente y un corazón muy intenso. Desde muy joven demostró sus dotes para las artes plásticas, teniendo la fortuna de formarse con buenos maestros y luego salir a Europa, para conocer y aprender técnicas diversas que mucho enriquecieron su repertorio. La inquietud que fue característica en ella, la motivó a incursionar en la talla de mármol y en el fresco, dirigida por auténticas celebridades de Italia, de España y de otras partes, apreciándose todo ese conocimiento en sus trabajos. Fue una mujer cuya producción se ha exhibido en diversas partes de América, Europa, Asia y África, sobre todo su especialidad que es la miniatura en la técnica del óleo, donde se le reconoce como una de las más destacadas artistas internacionales.

 

Pepita Albisua, como cariñosamente se le reconoce en Puebla, donó su obra, compuesta por más de 500 piezas entre pinturas, esculturas y estudios, al Museo UPAEP en el 2001.

 

 

LA GUERRA CRISTERA EN MÉXICO

COLECCIÓN MUSEO UPAEP

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En  México la difícil relación entre la iglesia católica y el Estado,  inicio a mediados del siglo XIX, con las Leyes de Reforma, promovidas por Benito Juárez; aunque desde la independencia de 1810 se presentaron algunos conflictos que fueron esporádicos durante la primera mitad del siglo XIX.

 

El poder que la iglesia tenía representaba para el naciente estado mexicano, un  obstáculo para fortalecerse. La  iglesia era la única entidad de carácter nacional arraigada en el pueblo mexicano y ligada a él por relaciones económicas, ideológicas y morales como una organismo nacional, que lejos de debilitarse después de la independencia de 1810, fortaleció a sus instituciones  como cofradías,  seminarios, colegios, conventos de religiosos y religiosas, mismos que ejercían una influencia en la conciencia social e individual de los mexicanos.

 

Por su parte en la constitución mexicana de 1917, establecía una serie de prohibiciones a la iglesia, que tenían como finalidad suprimir la intervención de ésta en la vida pública, por ejemplo, la participación del clero en política, su derecho a poseer bienes inmuebles e impedir el culto fuera de la iglesia, entre otras.

 

La violencia estalló en agosto de 1926 en el pequeño poblado de Chalchihuites, Zacatecas, cuando un grupo de campesinos quisieron liberar al párroco del lugar. A partir de ese momento, la lucha se extendió por varios estados de la república, bajo la proclama de ¡Viva Santa María de Guadalupe! y ¡Viva Cristo Rey!, por lo que fueron llamados “Cristeros”.

 

La Guerra Cristera fue una de las más sangrientas que ha tenido la Historia de México, se calcula que de 1926 a 1929,  perdieron la vida más de 80 000 mexicanos.

 

La resolución formal del conflicto se dio en junio de 1929, entre el gobierno de Emilio Portes Gil,  el obispo Pascual Díaz y el arzobispo Ruiz y Flores.

 

En este nuevo contexto la jerarquía de la Iglesia Católica inicia  el proceso de canonización de los mártires de la guerra cristera, que culminó en el Gran Jubileo en mayo del 2000.

 

El Museo UPAEP cuenta con una pequeña colección de documentos, objetos y fotografías de este movimiento social.

 

 

ARTE POPULAR RELIGIOSO

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La interpretación que la gente común hace del arte clásico, se traduce en la creación de elementos que lejanamente se parecen a los originales. Se trata del arte popular que sin detenerse en normas y conceptos, simplemente expresa lo que el pueblo necesita.

 

El  Arte Popular está basado las expresiones que la gente común ha creado a través del tiempo, fundamentada en tradiciones, leyendas y hasta en mitos que nunca faltan en una cultura.

En este sentido dentro del pensamiento religioso o mágico religioso, las manifestaciones artísticas son representadas de manera sencilla.

 

La religiosidad e inspiración de sus creadores se manifiesta en obras inocentes, heterodoxas y hasta insolentes, pero no por ello carentes de emotividad, fervor y devoción.

 

Esta colección está conformada por más de 60 obras, entre pinturas y esculturas,  de los siglos XVIII y XIX.